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Muy buenas noches,
Sr. Alcalde, Sr. Presidente, autoridades, amigos, vecinos y familiares:
Bienvenidos todos.
Quiero comenzar
esta noche tan especial para mí, mostrando enorme gratitud a todos los
miembros directivos de este, nuestro Centro Democrático de Máguez, por
haberme nombrado pregonera de las fiestas patronales de Santa Bárbara,
hecho con el cual me han honrado.
Creo, sinceramente,
que no soy merecedora de tal consideración, pues los méritos que se me
atribuyen, pienso, no me corresponden. Es mérito todo aquello que has
realizado, por lo que has tenido que pagar un precio o ha supuesto un
esfuerzo. En mi caso lo poquito aportado, créanme, no ha significado
ningún sacrificio, sino una satisfacción, casi un orgullo.
Todo lo he hecho
con el corazón y de forma espontánea, sin pensar siquiera, si era
correcto o incorrecto, si gustaba a muchos o sólo a unos pocos. Jamás me
lo planteé porque la única razón, entiendo, era buscar emociones que me
hicieran sentir a gusto, conmigo misma y con quienes me rodeaban y
conseguir de los demás un gesto de cariño, pues a fin de cuentas es el
objetivo en la vida de cualquier ser humano.
Los pregones
habitualmente son reseñas dedicadas a los espacios y bellezas de los
lugares, pero éste, aseguro, sólo lleva en su contenido historias de su
gente, sus vivencias, sentimientos, tragedias, alegrías, penas y
glorias, narradas de forma sencilla. Sin obviar mis raíces más próximas,
aquellas que me son más cercanas y por lo tanto propias, las surgidas
desde las entrañas del alma.
Algunos relatos
conmocionarán y aflorarán viejas heridas, que por viejas son históricas
y por crueles, injustas e imborrables. No podía perder esta oportunidad
para dignificar algunos nombres, que fueron víctimas de sucesos
estremecedores, e intento hacer justicia, utilizando como elementos de
juicio, sólo la palabra y el recuerdo a su memoria.
No puedo borrar de
mi mente cuando en el mes de Septiembre de 1971, deciden mis padres
venirse a vivir a Lanzarote, al pueblecito donde nació mi madre y sus
antepasados. Creo que Máguez ya estaba presente en mí, pues desde
siempre, era aquí donde mi familia, venía a pasar con los abuelos largas
temporadas.
Aquellos momentos
tan felices de mi infancia los llevo atrapados en las sienes entre los
caminos polvorientos, los olores a higos, uvas y quesos, los anocheceres
mágicos, charlando y compartiendo vivencias, sentados encima de una
estera en la puerta de mi abuela Encarnación, junto a inolvidables
vecinos, quienes formaban a la vez parte de nosotros, como eran Doña
Pilar García, divertida y alegre. Claudina, servicial y adorable,
Deogracio, que desgraciadamente ya no está entre nosotros, y que fue
durante muchos años, el practicante del pueblo, cuya única recompensa
era, el respeto y la consideración de los vecinos. Y de fondo, el ruido
bullicioso de los que todavía éramos chinijos. Y de pronto irrumpe un
hombre: "¡Señora Encarnación, deprisa, deprisa que mi mujer, se ha
puesto de parto!" Y como si fuera profesional, salía a atender a la
parturienta, y su único saber de matrona era el que le había dado aquel
instinto humano que agranda la sabiduría y despierta los valores,
contribuyendo a mitigar la necesidad. ¿A cuántos de los presentes
ayudaría a nacer utilizando el instrumento de la buena voluntad, el
coraje y la lucha por la propia vida?
Tampoco apartaré de
mi mente aquellos días jugando en casa de María Dolores Romero, Malores
la de Pilar, como la conocemos todos, las tardes con sus hijas cogiendo
higos o moras, y los tazones de café con gofio, puesto que la leche era
para hacer el queso para ver si se podía sacar alguna peseta. Horas y
horas contemplando las mujeres de la familia, con qué maestría manejaban
el cojín de las rosetas. Y cuando el sol se iba poniendo, a pelar papas
menudas para la cena acompañadas con huevos fritos. Les aseguro que
jamás, he vuelto a comerlas con aquel sabor a gloria bendita.
No abandonarán mis
recuerdos los veranos en Punta Mujeres, en la chocita de piedra de mi
querido primo Eugenio Socas, a quien siempre estuvo muy unida mi madre.
Fue allí donde descubrí el sabor a sal de La Caletita, cuyo ruido del
mar era el compañero que nos adormecía y nos despertaba como fiel guía
de nuestros horarios, ese que batía casi debajo de nuestra puerta, pues
esta no era otra más que un trocito de saco, el cual pendía de un hilo
de pita.
Estuve desde
siempre apegada a este municipio. Mientras otros niños esperaban
impacientes la llegada de los Reyes Magos, yo sólo contaba cuantos días
faltaban para regresar de nuevo desde Gran Canaria. No fue difícil para
mí romper con el ruido de la ciudad y todas las comodidades que ello
supone, pues estaba deseosa de hacer mío el pueblo de mi madre.
Me voy a tomar un
respiro y suspiro, inspirándome para hacer aquello con lo que mi madre
más disfrutaría si pudiera verme, y quiero hacerle llegar desde aquí,
este cantar, su tema favorito. A ti mamá, por todo lo que me enseñaste y
me diste.
TEMA MUSICAL "Algo
se me fue contigo Madre".
Este pueblecito me
enseñó a quererlo ella, contándome toda su vida, su niñez, sueños, penas
y necesidades, y los motivos que obligaron a mis pobres abuelos, como a
tantos hijos de este pueblo, a emigrar a principio del siglo pasado,
buscando el sustento y la supervivencia.
Sus ojos pequeños
tan sabios se humedecían cuando llena de añoranza, contaba como su
padre, el bueno de mi abuelo Manuel, salía a buscar algo para comer. Se
echaba a andar risco abajo, para en el fondo del mismo pescar algunos "bichitos",
como él los definía ante los vecinos del pueblo, que lo veían llegar con
el cestito y dentro de él algún sargo o alguna boga, eso sí, bien
tapadito para no tener que negarles el compartir aquella pequeña pesca,
pues era la comida que junto con una puño de gofio de cebada,
garantizaba el menú de toda la semana a sus hijos. Fue así como nació el
apodo todavía conservado en los Socas, Los Bichitos del abuelo Manuel.
También nombraba
mamá a su querida hermana Rafaela, que fue la primera mujer en obtener
el divorcio en Máguez, marcando historia, ¿Cuanto sufriría mi tía
Rafaela?, soportando el desprecio de una sociedad que se negaba a
entender, que no hay por qué soportar el maltrato de un cruel marido.
Pero ya entonces poseía este lugar una valiente, que ante el maltratador
y sin importarle el qué dirán, pide el divorcio y se lo conceden, pues
así lo contemplaban las leyes de la República, a principios de los años
30 del siglo pasado. La vida la compensaría con la llegada de su amado
hijo, mi querido primo Carmelo.
Se pasaba mi madre
horas conmemorando a los suyos, y añorando aquel pueblo que tuvieron que
abandonar, por el hambre y la necesidad de casi todo, y me atrevo a
asegurar, hasta de justicia.
Entendiendo que la
historia de cualquier sitio, se escribe con líneas torcidas, en páginas
blancas y en páginas negras, éste también las ha tenido y las tiene, así
como grandes momentos de gloria. No debemos ignorar tragedias, como la
sufrida por la familia de mi madre, pues no hay mayor desgracia, que la
de sentir la deshonra. ¿Y porque digo esto? Si había en su alma algo y
alguien que marcó su existencia para siempre, y además significó, un
hecho sin precedentes en este lugar, fue la terrible historia de mi tía
Clementina, con el agravante de sentirse incomprendida por la sociedad.
Mi tía Clementina
era una joven menor, cuyas facultades físicas y psíquicas, estaban
disminuidas. Era completamente ciega y deficiente mental, vivía con sus
padres y sus hermanos, con la dedicación que generaba la pena que
suponía tan triste realidad. Un día de tantos, mientras la familia se
ausentó de casa para salir al campo, llegó la desgracia, la más terrible
de las desgracias que se puede vivir en el seno de un hogar tan humilde.
Mi tía Clementina sufrió la peor y triste historia de las acaecidas en
este pueblo. Cayó la joven en manos de un monstruo, delincuente y tirano,
que aprovechándose de su condición física y mental, abusó sexualmente de
ella, destrozando la vida sosegada y tranquila de todos.
Ante la víctima de
aquellos abusos, crueles y despiadados, se deshoja la tremenda pregunta:
¿Quién ha sido?, ¿Quién pudo cometer semejante vileza? Nadie respondió,
ni siquiera la pobre Clementina, que asustada ante la interrogante,
contestaba, ¡Yo no lo sé madre, un hombre, pero no me habló, no sé quién
es, no pude siquiera escuchar su voz! Este esperpéntico suceso cometido
por un cobarde, hundió a la familia en una injusta afrenta de la que
nunca pudieron recuperarse, pero casi un siglo más tarde quiero honrar
el nombre de mi tía Clementina, víctima y digo bien, víctima, pues por
ser pobre no fue posible siquiera investigar el caso. Mientras el
verdugo se paseaba seguramente, como un caballero ante la gente, mi tía
se escondía tras un pañuelo que le servía de cobijo. Pero ahora me
dirijo al alma del tirano, para preguntarle; ¿te ha perdonado Dios?
porque yo, y a partir de hoy la historia, no te perdonaremos.
Pero miren ustedes,
paradojas de la vida, de aquella pobre criatura y de aquel brutal
atentado contra la dignidad humana, nació una de las mujeres más
hermosas que ha parido este pueblo, la prima Jacinta, que por no tener
padre reconocido lleva los mismos apellidos de mis tíos y por
consiguiente los de mi madre, Jacinta Socas Jordán. Tan guapa era que se
enamoró de ella un capitán de la marina, convirtiéndola en la primera
maguera casada con un alto mando militar. Fue una señora que sobrada de
amor recorrió medio mundo, navegando al lado de su marido. Sus hijos,
pudieron ir todos a la Universidad, y son hombres y mujeres de gran
valía.
A esta historia
espeluznante, quiero dedicar mi segunda canción, a ti Clementina, para
hacerte honor y que tú nombre descanse dignificado y honrado.
TEMA MUSICAL
" Con los bracitos en Cruz”
Obligados por los
acontecimientos, se estableció toda la familia en La Isleta cuando
corrían los años 20 del siglo pasado. Mi mamá, a pesar de todo nunca
olvidó la tierra que la vio nacer, decía:"no quiero morir, sin volver a
vivir en mi pueblecito, con mi gente", esa gente que en la posguerra
tanto la ayudaron.
Cuando las cosas en
Gran Canaria se pusieron todavía más difíciles, regresó ya casada y con
mis hermanos, pues aquí decía: "un caldito de papas y un puñado de gofio
no le faltaría". Demostraba su enorme gratitud, a su sobrina Cinta que
era como una hermana para ella, a la familia de Juanita Rivera, y a
todos sus hijos inseparables amigos de mis hermanos.
A la vez que
sollozaba sus vivencias, desafiando al destino para que le concediera
volver a vivir aquí, morir y descansar en paz al lado de los suyos,
pudiendo ver cumplidos sus últimos deseos.
Retrocediendo al
mes de Septiembre de 1971, donde había comenzado este relato, momento en
el que llegué desde Gran Canaria comenzaron mis primeros contactos y
emociones personales con la gente del pueblo de Máguez. La primera
sensación percibida, quizá por ser una amante de las relaciones humanas
y las actividades lúdicas y culturales, fue, que este pueblo de gente
sencilla, amable y cariñosa, debía de dinamizarse y conseguir una
convivencia más animada, por llamarlo de alguna forma, y a mí, que
afortunadamente no me cuesta mucho hacer amigos, fue mi reto.
Empezamos a
encontrarnos en la Sociedad Casino, pues así, se llamó durante la
dictadura. Aquí, nos veíamos quienes aún éramos adolescentes, y los
jóvenes algo mayores, para impulsar algún tipo de ocio que nos hiciera
mantener unidos y ocupados. A la vez que creábamos, lo que después ha
pasado a llamarse actividades socioculturales.
Unos se inclinaron
por el folklore canario, fundándose la prestigiosa agrupación Malpaís de
La Corona, dirigida por mi compañera de pupitre en el Instituto, Luz
Mari, a quién en clase la traía de cabeza, impidiéndole su concentración,
pues para mí era imposible mantenerme sentada y atenta durante la hora
que duraba una clase.
Mientras otros,
quizá por cuestión de gusto y hasta de carácter, nos definimos más por
el teatro y la música en diferentes géneros. Fue así como se crearon los
primeros grupos de Playbacks, donde representábamos a cantantes de la
época, en las Fiestas de Santa Bárbara y de San Pedro. Hago referencia a
mi gran amigo y mejor persona, Juan Pedro Brito, desgraciadamente
fallecido, a quien le gustaba imitar al popular Manolo Escobar.
A Juan Pedro lo
conocí siendo peón de mi cuñado Plácido, trabajando en la fábrica de
mosaicos. Todavía retumban en mis oídos los golpes de la prensa de
piedra que golpeaba contra el molde. Disfrutaba observando como el
cemento mezclado con los colores, se convertían después, en piezas
artesanales llenas de vistosidad.
Igualmente siguen
vivas, las largas charlas con mi vecina Antonia, la mujer de Zenón, el
barbero de mi padre, mientras ella trabajaba el junco y hacía el queso.
Por Navidad nos
atrevíamos a salir en carretas, alegrando las frías noches de Diciembre,
con un cassette que no se escuchaba a dos metros, pero para nosotros,
era todo un acontecimiento de diversión. Las carrozas tiradas por los
burros que prestaba Nicolás, y aprovecho para rendirle mi consideración,
a él y a su familia; pues su casa, era mi segunda casa. A mi gran amiga,
su hija María de los Ángeles, la recuerdo, enseñándome a montar la burra,
o llevándome al campo para ayudarle a ella y a sus hermanos. Yo torpe en
estos menesteres, poco les podía aportar, eso sí, la faena era más amena,
con mis canturreos, ocurrencias y travesuras.
Con el grupo
formado, anduvimos unos años, entre Playbacks, Festivales de la canción,
Elecciones de misses y fines de semana con La Rocola; esto era una
máquina, donde introducíamos una peseta y saltaba una canción que
bailábamos entusiasmados, como el Help de Tony Ronald, o el romántico
Vals de las Mariposas de Danny Daniel. ¡Qué momentos tan grandiosos y
felices! Con que poco nos conformábamos y colmábamos nuestras ilusiones.
Resurgen de antaño,
aquellas mañanas de sábado, haciendo la compra en la tienda de Nina,
como la conocemos todos, en la de Alela, la de Paquita, la de Cejudo, la
de Emilia, o en la de Manuel Lazo. El medio kilo de azúcar y harina,
envuelto en el rudo papel blanco. Era casi un arte como apañaban aquel
envoltorio. Luego por la tarde, se convertían en los ricos roscos de
anís o en el bizcochón, pues era víspera de domingo y eso se notaba en
el menú.
Mientras de un lado
en mi infancia, estuvo siempre presente la música, por otro lado,
estaban mis padres, con el profundo interés de que la niña no se
distrajera demasiado, y continuara con sus estudios. Nada más llegar de
Gran Canaria, me matricularon en el Colegio Libre Adoptado de Haría,
pues así se llamaba. Yo tenía claro lo que quería ser. Desde luego, no
estaba en mis preferencias ir a la Universidad, como era la de mis
padres. Me costó convencerlos, bueno no sé si alguna vez lo logré, pero
un día sí y otro también, les dejé caer que lo mío era el mundo del
espectáculo.
Y mientras tanto,
mi corazón de adolescente, había conocido a un maguero, que durante 15
años vivió fuera, en la isla bonita. Conseguí traérmelo a él y a toda su
familia. La bellísima persona, que tuve la suerte de tener como suegra,
me decía con cariño: "Tú eres la razón, de que todos volviéramos a vivir
en Máguez", y mi cuñada Dolores, no sé si me habrá perdonado, pues es
cierto, que por mi culpa, regresaron aquí dejando atrás la isla de La
Palma.
La tía Ciala, quien
es alguien muy especial para nosotros, nos había presentado, cuando yo
contaba con sólo 13 años y él 16. Se convirtió después, en el que 40
años más tarde, sigue siendo mi novio, porque es así como le llamo.
Nuestro noviazgo transcurría entre la misa de los domingos, en la
desaparecida Iglesia de Santa Bárbara, o eternos paseos, plaza arriba y
plaza abajo, y aquellos cines con el motor en la puerta de la Sociedad,
sin permitir que nos enteráramos del texto de la película. ¡Ay aquellos
bailes en las fiestas patronales, con la Orquesta Estrella del Sur!
¡Los cortaditos por
las tardes en casa de tía Solita! Sin dejar atrás las cenas preparadas
por mi prima Rosalina, con su cariño siempre manifiesto.
Y así hasta nuestra
boda, que fue la última que se celebró en la vieja ermita, cuando ya
estaba en ruinas. Ahora con el permiso de todos ustedes, voy a
interpretar un tema que he elegido, por ser uno de los favoritos de mi
marido.
TEMA MUSICAL "
Amor de noche
Pasados unos años,
madre ya de mis dos hijas, volví a la actividad fiestera, creando el
denominado grupo de teatro Amigos de Máguez recibíamos cursos de
interpretación de la mano de Félix Hormiga.
Pusimos en escena
obras como el Genio Alegre de los hermanos Álvarez Quintero, con la que
recorrimos toda la geografía insular, sin cobrar un duro, con el único
interés de divertirnos y pasarlo bien.
Por si fuera poco
tenía de mi parte a mi sobrino Ambrosio, con el que compartía la pasión
por los escenarios ¿Te acuerdas de las noches que nos reuníamos toda la
familia, en la puerta de abuela, cantando las canciones de Chiquetete?
Fue así como enamoraste a Nuria. De los sentimientos que me unen a ella,
podría decir mucho, pero lo resumiré en pocas palabras, somos
confidentes y como hermanas.
Luego vinieron
Jesucristo Super-Star o Evita, como anécdota divertida, les contaré un
secreto: en la presentación de ésta, dónde mi sobrino Ambrosio hacía el
papel del Che Guevara, tenía que salir fumándose un puro y la falta de
costumbre hizo que se quedara asfixiado y metido en fatiga; por unos
instante la obra siguió sin él y todos preguntando dónde estaba el Che,
hasta que el pobre recobró resuello.
Con esta
representación, llegamos a ir a Fuerteventura, cuyo medio de transporte
era el furgón de trabajo de mi marido, trasladando entre 25 o 30 niños y
jóvenes, sentados en el suelo, unos encima del otro, cantando y armando
el jolgorio todo el trayecto. Cuando se abría la puerta de atrás,
empezaban a salir chiquillos y más chiquillos, que era casi milagroso
que no nos pillara la policía. ¡Qué bien nos lo pasábamos y cuanto
riesgo asumíamos! Eran otros tiempos. Rafael Curbelo era entonces
concejal y quiso acompañarnos en aquella aventura. Se echaba manos a la
cabeza, porque era consciente del peligro que corríamos.
Inquietos por
seguir como grupo, y resultando ser el alma que traía al pueblo la
alegría y la cultura, todo sea dicho, nos atrevimos a montar la primera
murga norteña, con voces de niños, niñas, hombres y mujeres, ¡qué locura!
Ninguno sabíamos diferenciar, un Fa de un Re, pero sabíamos que los
recursos y los medios, eran prácticamente nulos. El Ayuntamiento tampoco
estaba sobrado y los dineros, iban destinados a cosas más vitales que la
cultura y la animación. Así lo entendíamos todos y nadie protestaba.
Menos mal que nos daban algunas perrillas para la carroza.
Yo, que soy una
ingenua, me aventuré a dirigir aquel grupo de teatro y aquella murga,
seguramente si lo hiciéramos hoy, nos matarían a "tomatazos", pero en
aquel momento era lo que tocaba, y tocaba vivir con ilusión, en armonía,
y construyendo un entorno más participativo. Esto era en definitiva de
lo que se trataba. ¡Ños, como sonaba el tambor de tío Domingo!
Fue todo un acierto
el show dedicado al mundo de Disney. Revivimos a personajes como Mickey
Mouse, Mary Poppins, Los 7 enanitos, La Bella y la Bestia y otros muchos,
que hicieron la delicia de todos cuantos pudieron disfrutarlo.
No caerán en el
olvido todas estas vivencias. Las llevo con satisfacción y orgullo, pues
logramos el grupo cultural más numeroso, que nunca ha tenido nuestro
añorado pueblo de Máguez. No me atrevo a nombrar a ninguno de sus
componentes, no podría perdonarme la omisión de algunos. Pero si hemos
podido verlos en las fotografías.
En mi retina siguen
estando tantas y tantas fiestas, además de los momentos de máximo
deleite, como era el sancocho, donde trabajaban un grupo de mujeres,
entre ellas, mi hermana Delia, Mercedes, Ciona, Cely y Angela Acuña.
Debo elogiar a las madres, que confeccionaban con cariño los disfraces,
que luego lucíamos en las murgas. Tantas y tantas tardes de ensayo, sin
dirección musical alguna, ¡cuánta entrega!
Algunos hemos
podido incluso llegar a convertir aquellas ilusiones en profesión,
aunque desde luego el sabor dejado por aquellos días no los olvidaremos
jamás.
Formaban aquellas
murgas muchos niños y niñas del pueblo, entre los que se encontraban
muchos de mis sobrinos, y por supuesto, mis dos hijas, Inodelvia e
Iraides, que junto a su padre y mi nieto, son la razón de mi vivir. A
ellas les voy a dedicar el siguiente tema.
TEMA MUSICAL " Que
bonita que es mi niña"
Como el estruendo
de una maldición, de nuevo vuelve el pueblo a teñirse de negro luto, y
una vez más, mi familia marcada por la mayor tragedia que ha sufrido
Máguez en la historia más reciente. En aquella casita de Los Cascajos,
donde vinieron al mundo casi todos los hijos de mi hermana Delia, vuelve
la pena a romper y a marcar nuestros corazones. El destino nos arranca
de cuajo, a 3 de los nuestros, a Nayra con 2 añitos sin cumplir, a mi
linda Cathaysa, que miles de veces me repetía: "¡Quiero ser cantante!",
con aquel divino pelo que acariciaba su bonita carita ya de artista, y
al bueno de mi insustituible sobrino Carmelo. Su nobleza lo hacía único,
su bondad infinitamente inolvidable. Tuvo que ser allí, en la misma
puerta de la casa donde vio la luz. Sesgaron sus vidas, la de los tres,
y la de la única testigo que sobrevivió, nuestra adorable Lina.
Nada ha vuelto a
ser igual en la familia, pero siguen estando aquí, entre nosotros. Una
tragedia así no debe devorarla la desidia y el abandono, no pido para
ellos un mausoleo, pero sí un signo. Señor Alcalde, le ruego un gesto a
la mayor tragedia acaecida en Máguez. No puede caer en el olvido. Lo
reclamo en su memoria.
No quiero acabar,
sin dedicarle un espacio, a alguien que hemos perdido precisamente esta
semana, un ser diferente, especial y amorosa, nuestra entrañable Isabel.
A nuestro Federiquillo, como todos le llamamos, que ha asumido la
responsabilidad y el deber de colocar la bandera a media asta, cuando
uno de los vecinos fallece. Esta vez te flaquearon las fuerzas y no
pudiste bajarla, como siempre ha sido tu ilusión, porque el destino ha
sido cruel contigo, y se ha llevado a quién tú más necesitabas, tu
protectora. Debemos de devolverle esa entrega que siempre ellos nos han
dado de forma desinteresada. Por Dios, que Federico no se vea
desamparado, sino seguro y arropado por todos, este es su entorno, donde
él se siente feliz y útil. Lo da todo a cambio de nada. Es tan grande,
tan grande su corazón, como su inocencia, es sencillamente único.
Pero la vida debe
seguir. Cada uno en su "quehacer". Muchos continuaremos con aquel
compromiso social y cultural a través de la política o del arte.
Estoy segura que se
me han quedado por contar muchísimas cosas y habré dejado de mencionar a
personas que han significado mucho para raí.
Espero que sepan
disculparme, porque es imposible hablar de todo cuanto quisiera, y pido
perdón por los errores cometidos en el tiempo que ha durado este
precioso encuentro.
Adquiero hoy el
compromiso y les pongo por testigo que trasladaré a mis nietos el amor
que siento por este pueblo, para que mis sucesivas generaciones lo
honren con el mismo orgullo. Deseo terminar este pregón esperando que
durante él, hayan aflorado emociones y sentimientos. Si ha sido así, mis
objetivos se han cumplido.
A partir de ahora
todo lo expuesto deja de ser mío, para pasar al dominio de ustedes, a
través de sus comentarios y críticas, positivas o negativas,
destructivas o constructivas. Gracias por estar aquí y les deseo que
tengan unas felices fiestas. Por favor, no dejen de quererme.
Mil gratitudes por
lo vivido, lo compartido y lo aprendido. Mil gracias, y gracias a la
vida.
TEMA MUSICAL"
Gracias a la vida"
Fdo.: Mari Carmen
Santacruz Socas |
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